MADRILEÑOS
MADRILEÑOS 

EL GRAN CAFÉ DE GIJÓN

Ciento veinte y cinco años contemplan la historia de uno de los locales más señeros y mundialmente conocidos de Madrid.

En 1888 llega a la Villa y Corte Don Gumersindo Gómez, asturiano emigrado a Cuba quien, al contrario de tantos indianos que volvieron al terruño, montando allá mansiones y negocios, se decantó por la capital, y se decide a montar un negocio de moda en aquel tiempo.

Coetáneo, único superviviente y, como tal, heredero de los famosos cafés literarios de finales del XIX y principios del XX (Colonial, Café de Oriente, Pombo, Fornos, Flor y Nata, Salesas, Café de Madrid, Lion, Suizo, del Prado, del Espejo, Varela, Correos, Lisboa…), sustitutos pobres de los clubes londinenses, en sus mesas han tomado café y entablado tertulia lo más granado de la intelectualidad española: Desde José Canalejas hasta Francisco Umbral, pasando por Don Santiago Ramón y Cajal, Benito Pérez Galdós, Camilo José Cela, Alejandro Casona, Enrique Jardiel Poncela, Antonio Gala, Maruja Torres, Ana María Matute, Álvaro de Luna, Eugenio Suárez, Manuel Vicent, Alfonso Paso, Antonio Buero Vallejo, Gerardo Diego, Arturo Pérez Reverte…

Entre sus personajes más célebres (aparte de sus camareros, grandísimos profesionales como quedan pocos), Alfonso González Pintor, el “último anarquista” (hijo de un miliciano de esta ideología muerto durante la Guerra Civil española), quien durante más de treinta años regentó el puesto de tabacos del local, siendo, a decir de quienes le trataron, el confidente y prestamista de todos los literatos en ciernes que acudían a entablar la tertulia a cambio de un café, quien les guardaba la correspondencia y les abroncaba recordando a su padre muerto en la guerra y la mala vida que llevó después como huérfano en la posguerra, recordado hoy, después de su muerte, con el puesto en que tantos años trabajó sin ocupar, a modo de altar, y en él, a modo de epitafio, la placa que le fue regalada mediante cuestación entre todos los tertulianos: 

“Aquí vendió tabaco y vio pasar la vida Alfonso, cerillero y anarquista. Sus amigos del café Gijón”.

Tras sus cien años de existencia, fue declarado por el Ayuntamiento “Gran Café de las humanidades”. En su interior, una placa recuerda este hecho y el lema que le fue otorgado: “En los cien años del Gran Café Gijón, no destruyamos nunca el tiempo y los recuerdos que viven en este recinto. Larga vida a esta cátedra de humanidades y letras”

Tras sobrevivir a los intentos del actual Ayuntamiento de Madrid y la señora Botella de quitarles la concesión de la terraza exterior (lo que habría supuesto su muerte en estos tiempos de culto a la salud y prohibición de fumar incluso en los cafés con más solera), cierto es que en su interior se puede rememorar la historia literaria española del pasado siglo contemplando las placas que recuerdan los lugares en que entablaron tertulia los grandes de las letras y las artes de España y las pinturas que dejaron como recuerdo y dedicatoria.